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Me disperso, luego existo

Laura Minimalia
Me disperso, luego existo

Nunca me consideré una persona especialmente creativa. Ni siquiera sabía qué era eso de la creatividad. Esas palabras no se pronunciaban en mi casa, eran totalmente desconocidas para mis padres.

Hoy, cuando miro a los niños, pienso en lo importante que es la orientación y que las personas de tu alrededor sepan ver en ti esas cualidades que potenciar.

No sucedió en mi caso, aunque debo dar gracias a aquellos profesores que, al ver mis dibujos y garabatos en los cuadernos del colegio, quisieron hablar con mis padres para sugerirles que me apuntaran a clases de pintura.

Cuando empecé a pintar (académicamente hablando) yo ya pintaba. Mi madre dice que una vez leí un poema y empecé a escribir poemas. Porque me salía así. Simplemente, esas cosas estaban dentro de mi, deseando salir. Siempre ha sido así.

Pero jamás aprendí a enfocarlas. Siempre han sido un juego, un hobbie. Algo para distraerse, para perder el tiempo. Desde luego, en la educación que recibí, no se contemplaban en absoluto como una profesión o algo serio.

Han tenido que pasar muchos años (y muchos empleos) para darme cuenta de que es lo que realmente me llena. Envidio profundamente (con envidia de la sana) a aquellas personas que pueden dedicarse a experimentar, a desarrollar su creatividad artística y viven de ello.

Incluso, por un momento, yo también pensé que tal vez era posible abandonar mi carrera profesional, y centrarme en mis cuentos, mis dibujos e ilustraciones.

Pero tener un negocio (del tipo que sea) es duro y hace falta mucho foco. Muchísimo foco. Y yo no lo tengo.

Me disperso. Me disperso profundamente. Soy como una abejita picaflor... Hoy pruebo una rosa, mañana una margarita, pasado, ¿quién sabe?

Durante años, cuando alguien veía mis trabajos yo trataba de disculpar mi falta de estilo. 'Tengo personalidad artítica múltiple', suelo decir. Lo mismo hago un dibuco kawaii que una ilustración de lo más tradicional de un jarrón y a carboncillo. Al escribir me ocurre igual. Tengo una novela de humor, cuentos intimistas, historias para niños...

Todos los caminos me parecen preciosos. Me siento incapaz de elegir. Tendría que tener 5 o 6 negocios diferentes para dar salida a mis distintas inquietudes y estilos.

Durante mucho tiempo esto me ha avergozado. Me he preguntado cien veces por qué no puedo especializarme. O lo que es lo mismo: por qué no me centro en un camino.

Pero no puedo. Me disperso. Me sigo dispersando. Mis libretas, mis postit, los márgenes de los libros que leo acaban llenos de anotaciones, ideas que cruzan, como una estrella fugaz por mi cabeza. ¿Será posible hacerlas realidad?

Entonces la realidad llama a la puerta. Suena el despertador. El tiempo corre y yo (como tantas personas) corro tras él.

Pero últimamente pienso, ¿y qué hay de malo? Quizás he estado demasiado tiempo pensando en cómo organizar mi cabeza, mi corazón, mis manos, mis lápices... Tal vez está bien dejarlos así, libres. Y que cada día hagan lo que les de la real gana.

Laura Minimalia / The creative mind

Soy Laura Minimalia, amante del café, los animales, las cosas bonitas, la ilustración... y, entre otras cosas, la cabecita que está detrás de Dibucos. Gracias por tu visita :)

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